GENTE
1 de julio de 2026
Viajó durante más de dos años en un Falcon desde Ushuaia hasta Alaska para cumplir un sueño: alentar a la Selección
Fabián conduce un automóvil modelo 77 que recorrió miles de kilómetros hasta llegar a los Estados Unidos. Su historia
Mientras miles de argentinos llegaron a Estados Unidos en avión para seguir a la selección argentina durante el Mundial, Fabián eligió un camino completamente distinto. El suyo comenzó dos años y medio antes, en el extremo sur del continente, a bordo de un Ford Falcon Ranchero de 1977. Desde entonces, recorrió más de 50 mil kilómetros, atravesó gran parte del continente, llegó hasta Alaska y luego volvió a bajar rumbo a Estados Unidos con un único objetivo: estar cerca de la Scaloneta.
"Una parte del sueño era llegar hasta Alaska, porque era un viaje que tenía programado desde hacía muchos años. Pero, la verdad, lo armé un poco con trampa para llegar justo para el Mundial", contó entre risas durante la entrevista con Infobae desde Dallas, antes de partir rumbo a Miami para ver el partido por los 16avos contra Cabo Verde.
Detrás de esa aventura hay una historia de vida, de kilómetros, de paciencia y de una filosofía muy particular para enfrentar los problemas. Fabián nació en Las Heras, Santa Cruz, aunque desde hace varios años vive en Rada Tilly, Chubut. Fue desde allí que comenzó a darle forma al proyecto que cambiaría su vida.
"El inicio del viaje fue a fines de 2023. Salí de Rada Tilly, me fui hasta Ushuaia y después recorrí toda la Ruta 40. La idea era probar el auto. Anduvo tan bien que ahí decidí que tenía que irme hasta Alaska en él", asegura el hombre, de 66 años.
El vehículo que eligió tampoco es uno cualquiera. Se trata de un Ford Falcon Ranchero modelo 1977 que mantiene prácticamente toda su mecánica original. "Es un Falcon Ranchero del año 77. Tiene el motor original, carburador, todo lo antiguo. No tiene nada moderno y así ya lleva más de 50 mil kilómetros", afirma.
Durante esos más de dos años, atravesó rutas de todo tipo, desde los caminos patagónicos hasta las carreteras del norte del continente. Finalmente, llegó a Alaska, donde permaneció durante julio y agosto del año pasado.
"Llegué a Alaska y después tuve que bajar hasta México porque tenía que salir de Estados Unidos por el tema de la visa. Estuve seis meses en México y desde Mazatlán manejé derecho hasta Dallas porque ya se venían los partidos", recuerda el santacruceño.
El Falcon dejó hace mucho de ser solamente un automóvil. Hoy, es su casa, su oficina y el lugar donde transcurre prácticamente toda su vida. "Yo vivo acá. Trabajo con la computadora, edito mis videos, hago todo desde el auto y tengo un baño portátil", cuenta.
El proyecto también encontró una forma de financiarse. "Hago videos para YouTube y todas las redes sociales. También, hago algunos canjes por publicidad y con eso prácticamente me banco el viaje", resalta Fabián sobre su cuenta en redes sociales que se llama FabianViaja, en donde tiene 109 mil seguidores en Instagram.
Al comienzo, utilizó algunos ahorros y una fuente de ingresos que todavía conserva. "Tenía unos ahorros y además tengo un par de alquileres, que son como una jubilación para mí. Con eso sobrevivo y cuando YouTube anda bien me puedo dar algunos gustitos más", explica.
Su rutina es sencilla y bastante austera. "No soy cocinero, soy durísimo para cocinar. Muchas veces compro comida. Tengo una heladera en el auto, así que voy al supermercado, compro mercadería y la guardo ahí. No es que voy a restaurantes todos los días; por ahí me doy algún gusto, pero la mayoría de las veces como acá", dice.
�Cuánto cuesta cruzar América? Aunque no lleva una estadística exacta, Fabián hizo una cuenta aproximada de lo que gastó para completar semejante travesía. "No soy muy de las estadísticas, pero hice unos 50.000 kilómetros. Habré gastado unos 7 mil litros de nafta, que son alrededor de 7 mil dólares. Después, el barco me salió unos 3 mil dólares. O sea que llegar hasta acá me costó unos 10 mil dólares entre combustible y barco", aclara Fabián.
Sin embargo, esa cifra corresponde a dos años y medio de viaje: "No es que gastás todo junto. Si haces la cuenta son unos 600 dólares por mes aproximadamente. Todo eso prácticamente lo pagué con YouTube".
Uno de los aspectos más llamativos de la aventura es que Fabián casi nunca lleva el vehículo a un taller. "Al mecánico casi no lo llevo, porque lo arreglo yo. Viajo con herramientas y algunos repuestos", revela.
Incluso, el conductor explicó que Estados Unidos terminó siendo un lugar ideal para conseguir piezas. "Acá se consigue prácticamente todo porque el motor es parecido al de los Mustang del 67 y 68. La suspensión también", cuenta.
Claro que después de más de 50 mil kilómetros aparecieron algunos desperfectos. "Alguna cosita tuvo porque son muchos kilómetros. Además, viajás con 40 grados de calor, el auto viene cargado y pobrecito se pone pesado", sostiene.
A pesar de eso, jamás pensó en abandonar y detalla: "No sé si la memoria es selectiva, pero la verdad es que no recuerdo haber pasado momentos tan malos. Hoy mismo me preguntaban si alguna vez me arrepentí y les dije que no".
Su manera de enfrentar los inconvenientes es simple. "Si el auto se rompe, hay que arreglarlo. Es como en tu casa: se quema la luz del baño, cambias la lamparita y seguís. No significa que el universo esté en contra tuyo".
Antes de comenzar el viaje había decidido cerrar otra etapa de su vida. "Siempre tuve negocios, pero hacía unos años que ya los había dejado", afirma.
También, dejó a su familia, aunque asegura que sus hijos siempre apoyaron la decisión. "Tengo dos hijos y una hija. Ya son grandes: tienen 40, 41 y 30 años. No tengo ese problema de que me digan que vuelva o que me extrañen".
Durante el recorrido incluso hizo una pausa para reencontrarse con ellos. "Cuando llegué a Canadá, me agarró el invierno y había 40 grados bajo cero. Ni loco me iba a quedar. Volví unos meses para el sur y ahí pude estar con mi hija y con uno de mis hijos. Al otro lo había visto cuando pasé por San Luis", indica.
Después de haber unido Ushuaia con Alaska y regresar a Estados Unidos, todavía le queda cumplir el último objetivo. Paradójicamente, después de recorrer más de 50 mil kilómetros, aún no pudo ingresar a un estadio para ver a la selección argentina y su deseo es verla en Miami. "Todavía no pude ver a Argentina, porque las entradas están carísimas y no las puedo pagar", reconoce.
Sin embargo, mantiene intacta la ilusión: "Estoy esperando que aparezca alguna invitación o alguna entrada de cortesía de alguna marca. Ojalá se dé. Me pongo la camiseta y voy".
La historia de Fabián demuestra que el Mundial también se vive mucho antes del pitazo inicial. Que para algunos hinchas el verdadero viaje comienza años antes, cuando un sueño parece imposible y la única decisión es poner primera.
En su caso, fueron más de dos años y medio, 50 mil kilómetros, un Ford Falcon Ranchero de 1977, cientos de rutas, miles de historias y una certeza que nunca cambió: llegar manejando desde el fin del mundo hasta el Mundial para volver a alentar a la Selección.
