OPINIÓN
5 de septiembre de 2026
Exterminio, de Auschwitz a la ex ESMA
Los futbolistas y su compromiso (o no) para visitar los campos de la muerte. Por Jose Luis Lanao
La palabra exterminio nos ataca y, de tantas maneras, nos derrota. El exterminio es esa tempestad en la que no hay manera de no ver. Nos hace otros, opaca las voces y las bocas y los cuerpos y las historias que esos cuerpos cargan. Amasijos de carne que te atrapan y laceran.
El exterminio, desde su versión más primigenia a la más sofisticada, ha tenido un impacto tremendo en nuestros miedos, en nuestra visión fantasmagórica de todo aquello que transforma el mal en algo enigmático. Pero no hay misterio en sus horrores, en sus pequeñas historias, sino vulgaridad. Una vulgaridad que empuja a matar sin dolor, sin remordimiento. Que amenaza las ideas, mientras odiamos y amamos y sufrimos. Un olor que llega a la superficie de la tierra, y cuyos huesos abreviados desprenden una profundidad turbia, que huele a sangre y orina.
Hace algunos años las selecciones de Holanda, Inglaterra, Alemania e Italia visitaron por separado el mayor campo de exterminio del nazismo: Auschwitz-Birkenau. Convertido en uno de los lugares de memoria más importantes y más cargado de significado del mundo, “representa una visita obligada que todos deberíamos para conocer y entender, sobre todo las nuevas generaciones, lo poco que hace falta para crear un desastre”, expresó el técnico de la Azzurra, Cesare Prandelli.
Cabe preguntarse: ¿y nuestras generaciones de hinchas e ídolos futbolísticos cuánto conocen de nuestro drama? ¿Cuántos clubes de forma institucional han invitado a sus socios, hinchas y jugadores a visitar el Espacio Memoria y Derechos Humanos (ex ESMA)? El Bayern Múnich y el Borussia Dortmund, entre otros, organizan desde hace años viajes educativos y de memoria al campo de concentración y exterminio de Auschwitz-Birkenau, dirigidos a sus aficionados, empleados y socios. Los clubes subvencionan una gran parte de los costos para que los hinchas y jóvenes aficionados puedan asistir, solo abonando una cantidad simbólica. Los viajes incluyen visitas guiadas a los memoriales, talleres y debates con expertos e historiadores. Algunos jugadores de estos equipos y selecciones han declarado, tras pasear por las cámaras de gas y los hornos crematorios, la fuerte impresión que les ha provocado “ver y tocar”.
¿Sirven de algo estos intentos de acercar a las estrellas del deporte a una memoria y conciencia histórica compartida? Claro que sirve. Buscar la empatía siempre es importante cuando hablamos de un pasado tan traumático. Ningún plantel profesional del fútbol argentino ha visitado formalmente la ex ESMA), como delegación deportiva completa. Sí lo han hecho Las Gladiadoras de Boca en 2022 y delegaciones de divisiones inferiores, filiales e integrantes de las comisiones de Derechos Humanos de diversos clubes. El problema es que el fútbol y el deporte en general no sirven para realizar misiones éticas y de humanismo racional. Demonizamos, por ejemplo, a los futbolistas alemanes porque no quisieron pasar por Auschwitz al ser invitados, pero si asumimos con naturalidad la enorme indiferencia del fútbol argentino al exterminio más salvaje e irracional de nuestro país.